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VENEZUELA

Cien días de protestas

Aliosha
04/07/2017

Ya son 100 días de protestas, 100 días viendo cómo la gente sale a las calles a protestar para pedirle al gobierno un cambio, 100 días viendo que el deseo de libertad se hace cada vez mayor, viendo que comunidades enteras salen a la calle a rezar juntos el rosario para pedirle al Creador que se detenga la violencia, 100 días protestando para que haya democracia, justicia y para que cesen las violaciones a los derechos humanos, 100 días viendo cómo los gobernantes permanecen indiferentes frente al sufrimiento de todo un país.

100 días de protestas pueden parecer demasiado, una exageración, algo sin sentido; pero para un venezolano no es así, para un venezolano pasar 100 días protestando no es más que una respuesta justa, una respuesta justa a un gobierno que, en nombre de una ideología, ha llevado al país a una situación terrible e inhumana. Una situación terrible e inhumana, esto también puede parecer una exageración, por ende, es necesario explicar, así sea de manera muy general, dicha situación.

La crisis económica que vive el país es de las peores del mundo. Las políticas intervencionistas del gobierno, principalmente los fuertes controles de precios y del tipo de cambio, así como el acoso a la propiedad privada y un uso ineficiente de recursos públicos ha generado el desmoronamiento del aparato productivo del país. Por otra parte, la caída de los precios del petróleo, recurso del cual Venezuela obtiene casi la totalidad de sus divisas, ha resentido mucho la economía del país.

La conjunción de todos estos factores ha hecho que casi un tercio de la población venezolana no pueda comer 3 veces al día, la escasez de alimentos es feroz, a tal punto que decenas de miles de niños han abandonado la escuela para ir todos los días a buscar comida. También ha originado una escasez de medicinas que está cerca del 90%, una escasez que, entre otras cosas, se cobró la vida de 11.466 niños menores de un año en los hospitales del país en 2016, ha hecho de la diabetes la tercera causa de muerte en la población, una escasez que ha hecho que todos los venezolanos suframos cuando salimos a buscar una medicina, que ha hecho desesperar a familias mientras ven que sus ancianos mueren por no conseguir medicamentos; por si fuera poco, Venezuela registra la inflación más alta del mundo, 720% en 2016. No es una exageración, es una situación terrible e inhumana.

Por su parte, la situación social no es mucho mejor. La violencia es brutal, tanto que el número de asesinatos que hubo en Venezuela desde 2011 hasta 2016 fue de 150.000, este fue el mismo número de asesinatos que hubo en la guerra de Iraq desde 2003 hasta 2011. Venezuela no está en guerra, pero su número de asesinatos es el de un país en guerra, y una muy sangrienta. Por otra parte, la sociedad está polarizada, hay muy pocos espacios para el diálogo. No es una exageración, es una situación terrible e inhumana.

Finalmente, la situación política es preocupante, frente a la crisis del país los gobernantes no hacen más que buscar culpables en aquellos que piensan distinto, no hacen más que justificar por qué su ideología no ha traído prosperidad ni progreso para el país, cuando la realidad es que precisamente esa ideología es lo que ha traído la miseria que hoy nos envuelve. Además, el gobierno ha bloqueado todos los mecanismos posibles para una salida democrática a esta situación: en 2016 impidió ilegalmente el referéndum revocatorio, no ha llevado a cabo los acuerdos resultantes de un proceso de diálogo con la oposición ocurrido a finales de 2016, ha inhabilitado al parlamento del país, que tiene mayoría opositora. Hace unos días el presidente de Venezuela afirmó: “si la revolución bolivariana fuera destruida, iríamos al combate; nosotros jamás nos rendiríamos. Y lo que no se pudo con los votos lo haremos con las armas”. Lo que no se pudo con los votos lo haremos con las armas, así son los gobernantes de mi país, así es la política en mi país. No es una exageración, es una situación terrible e inhumana.

Pues bien, cuando hay tantas muertes como en una guerra, cuando los ancianos mueren porque no hay medicinas, cuando los niños dejan de estudiar para ver si pueden encontrar comida y la respuesta del presidente es “lo que no se pudo con los votos lo haremos con las armas”, entonces es justo levantar la voz, es justo ser disidente y oponerse al gobierno, entonces se comprende por qué la gente ha pasado 100 días protestando.

En estos 100 días la represión del gobierno ha sido brutal; los venezolanos hemos visto demasiadas atrocidades, son muchos días leyendo en las noticias “otro joven murió mientras protestaba”. Hemos sentido mucho dolor cuando vimos que Armando Cañizales, joven de 17 años que tocaba la viola en una de las tantas orquestas que hay Venezuela, moría el 3 de mayo debido a un disparo en su cabeza, Armando nunca más volverá a tocar la viola. También nos quedamos sin aliento al ver el asesinato de David Vallenilla mientras protestaba el 22 de junio a manos de un militar. El video es cruel, inhumano, indignante, terrible. El militar tiene a David a 2 metros de distancia, David está completamente indefenso, el militar lo apunta con su escopeta y dispara, David cae al piso, el militar le vuelve a disparar dos veces más, el militar se va y David muere. Nos hemos llenado de rabia al ver que en varias ocasiones los militares han entrado disparando armas de fuego en distintas universidades del país. Observamos con impotencia que el 12 de mayo los el gobierno reprimía con gas pimienta a ancianos que marchaban con sus bastones. Hemos visto demasiadas atrocidades.

Pero hay que tener una mirada atenta, no debemos dejar que la tristeza y la molestia nublen nuestro juicio, no es justo decir que solo han ocurrido atrocidades, no es verdad, porque esta situación ha sacado lo peor de los venezolanos, pero también ha sacado lo mejor.

También ha sacado lo mejor porque, un día después de que asesinaran a David, su madre dijo públicamente, con lágrimas en los ojos, que ella perdonaba al asesino de su hijo; la madre de David dejó claro que el perdón es más fuerte que el odio, que el perdón se impone a la violencia, que el camino no es la venganza. También ha sacado lo mejor porque, cuando los colegas de Armando supieron de su muerte, ellos decidieron no responder con violencia, decidieron tomar otro camino, y al día siguiente, en las calles de varias ciudades venezolanas, había miles de jóvenes cantando y tocando música de los más grandes maestros de la historia como una respuesta al asesinato de Armando; de hecho, uno de estos jóvenes afirmó: “ellos nos envían muerte, nosotros respondemos con música”, ellos nos demostraron que para combatir con un monstruo no es necesario convertirse en uno. También ha sacado lo mejor porque pocos días después de la muerte de Armando su madre estaba en una protesta donde la gente descubrió a un paramilitar del gobierno infiltrado, los manifestantes querían amedrentar al paramilitar, la madre de Armando se dirigió al que estaba más alterado y le dijo: “¡Estás frente a la mamá de uno de esos muertos y no vas a hacer nada incorrecto. Nada fuera de la ley. Te vas a mantener de este lado de la historia!”. Luego de esto, el manifestante empezó a llorar y abrazó a la madre. Ese paramilitar pudo haber asesinado a su hijo. Ella impidió que le hicieran daño. La madre de Armando nos testimonia que el perdón es una postura más razonable que la venganza. También ha sacado lo mejor porque vecinos que llevaban 20 años sin hablarse ahora se reúnen todas las noches para rezar juntos y pedir por un país mejor, pedir por quienes han llevado al país a esta situación. También ha sacado lo mejor porque si se mira atentamente la realidad se comprende que la historia de Venezuela no es la historia de la violencia, sino la historia del perdón y del amor. La historia de las personas que trabajan juntas en contra de la obra totalitaria.

Ya son 100 días, 100 días viendo cómo de la dramaticidad surgen historias bellísimas, viendo cómo el corazón del hombre es capaz de mantenerse firme aun en las peores situaciones. No hay certeza de qué es lo que ocurrirá en el próximo mes, si el gobierno logrará estabilizarse y seguir con la dictadura en el país, no sabemos si después de este gobierno vendrá otro con la imbécil pretensión de instaurar otra ideología mejor que sí sea capaz de resolver los problemas del pueblo, no sabemos cuántos muertos más habrá y cuándo se terminará la violencia. Lo que sí ha quedado claro en estos 100 días de protestas es que en Venezuela existe una infinidad de hombres y mujeres que no quieren tomar el camino de la violencia, personas como la madre de David, que tienen el coraje de perdonar aun cuando el dolor las invade, personas como los colegas de Armando, que frente a la violencia responden con su vocación. Pues bien, no seamos parte de los radicales que hay en cada bando, esos radicales que se llevan toda la atención mediática en el acontecer del día a día. Seamos todos parte de esta infinidad de hombres que perdonan y aman y que trabajan silenciosamente, para que, lentamente y con alegría, construyamos una comunidad viva y alegre que demuestre que el camino razonable no es el de la venganza sino el del diálogo.

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