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Misericordia, la medicina actual

Mario Grech
25/07/2017 - El obispo de Gozo (Malta) escribe a los sacerdotes de su diócesis y cita la entrevista de Julián Carrón en Crux. «El camino pastoral que "Pedro" nos indica hoy tiene un nombre: cultura del encuentro personal»

Después de reunirme con varios sacerdotes y realizar algunas lecturas, siendo que debemos reflexionar sobre qué manual de eclesiología estamos utilizando en nuestro servicio a la Iglesia de la que somos presbíteros. Tengo la impresión de que algunos de nosotros tienen dificultades para trabajar según el manual de eclesiología que está proponiendo el Papa Francisco; parece que hay quien puede preferir en cambio la eclesiología previa al Concilio Vaticano II. Uso el término "eclesiología" porque la "conversión" que necesitamos no se refiere a la doctrina, que era y sigue siendo válida pero es de tipo "pastoral". Como dijo el Papa en 2013 al episcopado brasileño, la conversión pastoral «no es otra cosa que el ejercicio de la maternidad de la Iglesia. La Iglesia da a luz, amamanta, hace crecer, corrige, alimenta, lleva de la mano... Se requiere, pues, una Iglesia capaz de redescubrir las entrañas maternas de la misericordia. Sin la misericordia, poco se puede hacer hoy para insertarse en un mundo de "heridos", que necesitan comprensión, perdón y amor».

Creo que debemos adoptar la visión de Francisco, no porque las anteriores fueran defectuosas sino porque los tiempos han cambiado. Observamos a nuestro alrededor un cambio de época, no el cambio de una era. Hace veinte o cincuenta años la Iglesia tenía un enfoque pastoral pero hoy necesitamos un enfoque distinto, que se corresponda con los tiempos modernos. Hace poco he leído una interesante entrevista a Julián Carrón, sacerdote responsable del movimiento de Comunión y Liberación, publicada en Crux. Carrón sostiene que los que aún no han entendido que Francisco es la medicina que necesitamos en este momento no han comprendido la gravedad de la enfermedad, como si alguien tuviera un tumor pero siguiera pensando que es solo un resfriado que se pasará con paracetamol en vez de quimioterapia.

Nos equivocamos si reducimos la crisis que la humanidad está atravesando actualmente a una mera crisis económica, política o de valores. La crisis es mucho más profunda, pues afecta a la naturaleza más íntima de lo humano. Hay gente que se pregunta qué sentido tiene la vida, para qué sirve una familia, etcétera. Algunos no tienen ganas de vivir y por tanto se limitan a existir. Es un fenómeno muy común sobre todo entre los jóvenes el miedo a afrontar el futuro. Si decimos que esta no es la realidad, es que entonces no conocemos a nuestra gente. Son situaciones nuevas y no debemos seguir aplicando la medicina del pasado. Carrón observa justamente que la crisis engloba algo más que la simple negación de ciertas normas éticas.

Estoy convencido de que no es necesariamente cierto que a los que toman decisiones que no se corresponden con nuestra visión de la moralidad no les importe para nada Dios. Tal vez nos encontramos ante una situación que muestra hasta qué punto es complejo el hombre. Por eso, estas personas no necesitan tanto un reclamo moral o un debate altamente teológico sino descubrir la fuerza de atracción del Evangelio y de la vida cristiana. Eso es lo que hizo Cristo, no tanto mediante sus predicaciones sino con los encuentros personales con cualquiera. «Jesús no tuvo ningún problema en ir a casa de Zaqueo, no tuvo necesidad de explicarle toda su teología o las reglas morales. Fue porque la verdad se encarnaba en su persona». "Despojándose" de su poder divino, Jesús permitió que la verdad emergiera a través de su actitud hacia la persona. Jesús comunicó la verdad mediante su presencia y su comportamiento amoroso y tolerante. Cuando el hombre herido entra en contacto con Jesús y saborea la dulzura de su compasión, empieza a interesarse por él y por todo su mensaje. El camino pastoral que "Pedro" nos indica tiene un nombre: cultura del encuentro personal.

Al tomar este camino, Cristo inaugura un nuevo inicio. Si, como Iglesia, queremos experimentar una nueva vida a nuestro alrededor, este es el camino que debemos seguir: tener el coraje de "despojarnos" de muchas cosas, incluido el pseudo-poder que se nos atribuye, y apresurarnos a encontrarnos con la persona en su ambiente, para que en este encuentro pueda percibir la belleza de Cristo. Si seguimos posponiéndolo y tomando el camino equivocado, tendremos sin duda una Iglesia enferma en una sociedad enferma. Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a colaborar más con el Papa Francisco.



 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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